Hace una semana estuve a punto de borrar todas las actualizaciones de este blog. Las mías, claro. De hecho, borré las últimas. Porque me dí cuenta de que solo las dedico a 4 cosas, la primera a las canciones o frases de películas que me gustan, la segunda a textos cortos de cuando me da la vena literaria, la tercera a decirle a alguien lo importante que es para mi y la cuarta para poder desahogarme cuando estoy baja de ánimo. Y realmente, las dos últimas partes me parecieron absurdas. No sé en que momento decidí plasmar virtualmente los sentimientos que no soy capaz de exteriorizar. ¿Si nunca les digo a esas personas que las quiero a no ser que vaya en estado etílico, por qué debería escribirles algo?¿Si no le cuento a nadie que un día no me apetece levantarme de la cama ni para comer, por qué tendría que poner aquí que el mundo es una mierda? Pues la verdad es que no tengo ni idea. Seguramente lo volveré a hacer, porque siempre se me ha dado mejor escribir que hablar, pero intentaré que haya coherencia entre An y Ana. Porque una es una auténtica pastelosa desengañada de la vida y la otra es una exaltada quizá demasiado borde o distante en muchos momentos.
También quería dedicar este momento para agradecer a Patricia su colaboración en la crisis del espejo (sí, ya he caído en los momentos fresas... pero bueno, al menos ahora sigo esa coherencia, porque tanto Ana como An son unas bipolares redomadas, a veces creo que pasan de quintupolares) y comunicar que ya he decidido cómo voy a decorar una de las baldas de mi habitación, y tiene mucho que ver con todo esto. Comienza mi condicionamiento clásico e instrumental.
Por último, ya que esta entrada ya tiene agradecimientos e intenciones de una negativista exacerbada con ganas de ser ultramegapositiva, pues reuniré los otros dos condimientos que faltan en los cuatro que he nombrado antes...
Una canción o frase de película.... a lo loco, hoy las dos cosas.
Y un texto corto, que hoy es más corto que nunca, ya que es una frase y está escrita por Diego, pero que me pareció muy buena.
"Lo bueno de sentirse bien sin tener frágiles motivos para ello es que no hay riesgo de que se rompan #vivaelbipolarismo"
Y con esto y un bizquiiiiiiocho, me voy al cine a las 8.
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