¿Sabes esos días de verano en los que el calor es tan asfixiante que parece que no puedes ni respirar; la sensación de paz que se siente al coger aire y tirarse de cabeza al agua, y estirarte como un chicle en la saliva del océano? Te preguntas cuanto aguantará tu oxígeno ahí abajo, pero sabes que en cualquier momento puedes volver a la superficie, por eso es perfecto, porque tú decides cuando regresar.
A mi me gustaba pensar que las cosas pasan por algún motivo, ahora simplemente creo que pasan controlada o descontroladamente, y que ese momento en que el dices "Ves, aquello tenía que pasar para que ahora me haya pasado esto" no es ni más ni menos que la medida en la que esa experiencia nos ha moldeado para afrontar el futuro, ahora no es consecuencia de entonces sino el resultado de que tú adquirieras experiencia. Mi experiencia como pintora de tres al cuarto me ha enseñado que el negro simplemente es la suma de todos los demás colores y para estar a flote hay que tener una paleta muy grande. Siendo lógicos, si la suma de todos los colores conduce al negro, la resta de la gran mayoría de ellos puedes llegar al azul mar y volver a ser un pez dentro de tu piscina.
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