Como propietaria de una, a pesar de no saber manejarla muy bien, sé lo que es una vida , lo que vale, y que algunas personas la merecen más que otras. Sé que nadie debería tener poder para arruinar una de esas vidas y menos si ese alguien somos nosotros mismos; no hay peor terrorista que el que es capaz de morir matando, ni hay peor suicida que el que muere por no matar. Quizá no somos conscientes de lo que supone en el crecimiento personal un mal día o un mal mes, la cantidad de experiencia que se cuela, lo que nos hace evolucionar. Sé que tú lo has pasado peor de lo que lo estás pasando, y yo aunque ahora te escuche desde abajo, he conocido peldaños mucho más profundos. Pero después hemos sido los ciudadanos de la cima de la montaña. Hemos escalado lo que algunos no escalarán jamás. Las plantas necesitan un rayo de sol y una gota de agua para fabricar oxígeno, nosotros nos tostamos al sol de nuestra alegría o tenemos que soportar tormentas, pero no formamos oxígeno, creamos alientos, alientos de supervivencia. Esos que nos hacen más fuertes día a día. Ahora está lloviendo, lo veo por la ventana. También en la ventana que supone el cristal de mis ojos, y sé que en cuanto lo leas también en los tuyos. Pero si de algo estoy segura, es que llorando o riendo quiero seguir sientiendo mucho tiempo, ¿tú no? Es como una mala herida, primero duele, después pica, yo quiero que me pique mucho, porque cuanto más pica más cura, dice la sabiduría popular. Quiero sentir que nunca ha dejado de ser una suerte que nos hayamos encontrado.Te quiero como solo un señor puede querer a un payaso.
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